El Fuego de la Libertad

Interesantes ideas en esta entrevista en El País al filósofo alemán Wolfram Eilenberger, quien presenta su nuevo libro tras Tierra de Magos y deja el poso de unas buenas reflexiones y las ganas de leer el libro..

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“Los chicos no aprenden desvergüenza en Eton. Allí es donde la perfeccionan”.

Una buena lectura que aprovecha. Introduce a una historia interesante que mueve a la reflexión, y pone un libro interesante en el radar. ¿Qué tipo de valores y actitudes se transmiten en los centros de excelencia ingleses? Es relevante ya que Eton es la cantera natural de gobiernos y elites inglesas y naturalmente lleva la curiosidad a otros centros parecidos. Macron acaba de sentenciar a la ENA, presentándolo como una medida contra la élite endogámica de su país. ¿Sucederá algo parecido en UK? No parece muy probable y sería mucho más complicado de acometer, aunque empieza a permear una discusión en una sociedad sacudida por el escándalo del Sewells Report…

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Los Húsares negros

Charles Péguy bautizó en 1913 a los maestros como “húsares negros”, escribiendo de sus recuerdos de la escuela primaria anexa a la Escuela Normal de Niños de Orleans, a la que asistió de 1879 a 1885, donde iban a enseñar los futuros profesores con uniforme negro. Para él, estos jóvenes maestros en formación “parecían un regimiento inagotable. Eran como un depósito inmenso, gubernamental, de juventud y de ciudadanía”.

Eran realmente los niños de laRepública, estos infantes de la República, estos húsares negros de severidad … ” [Charles Péguy]

Hay muy pocos países donde la figura del profesor de historia sea más simbólica y poderosa que en Francia. Desde que la Tercera República tomó firmemente la educación de manos de la iglesia a principios de la década de 1880 y la convirtió en gratuita, obligatoria y secular, su pacífica infantería de maestros ha sido la base de la república francesa. Su tarea era clara: difundir los valores de la Ilustración en los lugares más remotos de Francia; en otras palabras, abrir las mentes jóvenes al mundo que los rodeaba en toda su complejidad. De esta manera, el Estado capacitó a esos jóvenes no solo para educar a los niños sino también para erradicar la superstición del aula. Las escuelas públicas se convirtieron en los lugares donde los franceses entraban como niños y salían como ciudadanos. La iglesia todavía era libre de enseñar a los niños en sus escuelas, pero el Estado los supervisaba de cerca y tenían que seguir escrupulosamente el plan de estudios nacional.

Estos “Húsares Negros de la República” lucían decididamente solemnes en las fotografías. Después de todo, dondequiera que estuvieran destinados, tenían que ganar terreno frente al sacerdote local que seguía ejerciendo una poderosa influencia. Totalmente dedicados a su misión civilizadora, esos Húsares Negros y sus herederos lograron emancipar las mentes. Lo hicieron con un mayor sentido del deber y el sacrificio. Gracias a ellos, la religión finalmente fue relegada al ámbito espiritual. Habían destruido con éxito las aspiraciones de la iglesia de influir en la vida política de Francia.

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